10 septiembre, 2010

Reflexión de una lectura

Yo también inventé un árbol grande, tan grande como el suyo, y también me quise quedar atrapada entre sus ramas...

SIN PALABRAS

Yo inventé un árbol grande,

más grande que un hombre,

más grande que una casa,

más grande que una última esperanza.

Me quede con el años y años

bajo su sombra

esperando que me hablara.

Le cantaba canciones,

lo abrazaba,

le rascaba su rugosa corteza

entretejida de helechos,

mi risa reventaba flores en sus ramas,

y a cada gesto mio le crecían hojas,

le brotaban frutas...

Era mío como nunca nada ha sido mío,

pero no me hablaba.

Yo vivíaa pendiente de sus ruidos,

oyendo su suave aleteo de mariposa,

su crujido de animal de la selva

y soñaba su voz como un hermoso canto,

pero no me hablaba.

Noches enteras lloré a sus pies,

apretujada entre sus raíces,

sintiendo sus brazos sobre mí,

viéndolo erguido sobre mí,

sabiendo que me estaba pensando,

pero no me hablaba...

Aprendí a cantar como pájaro

a encenderme como luciérnaga,

a relinchar como caballo.

A veces me enfurecía y hacía que se le cayeran

todas las hojas,

lo dejaba desnudo y avergonzado

ante los guanacastes,

esperando que -tal vez- entendería por mal,

como algunos hombres,

pero nada.

Aprendí tantas cosas para poder hablarle,

me desnudé de tantas otras necesidades

que olvidé hasta cómo me llamaba,

olvidé de dónde venía,

olvidé a qué especie de animal pertenecía

y quedé muda y siempreverde

-esperanzada-

entre sus ramas.

(Gioconda Belli)

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