Se ha olvidado aquello
de escribir en la arena tu nombre.
De que las olas recuerden
al sonido de tu voz
o que el sol refleje, entre la espuma,
el brillo de tu pelo.
Por fin
el mar
es mar.
Admito que antes tan solo
soñaba
con encontrar una botella flotante
y, cual sirena rapsódica,
meter con tiento un papelito.
Pero por fin el mar
es mar.
Quizás
ya la hayas recibido.