(A Diego, mi primo,
por ver el mundo como él sabe)
Mirándote,
me parece que entendieras el mundo
mejor que lo hago yo.
Algo, en ocasiones, tan feo
no merece prestarle la atención.
Y yo, como tú,
también noto
que me faltan dedos
para restarle al mundo
todo lo que le sobra.
Oyéndote,
me parece
que los pronombres personales
carecieran de valor,
que las personas merecen
ser llamadas por sus nombres
y que yo, como tú,
también tengo gente
a la que no merece
que le dirija la palabra.
Y cuando a mi cuándo
le respondes tu después
y te veo siempre nadar
por debajo de las aguas,
sé que sabes, como yo,
que hay futuro
y que es nuestro
y que temes
que haya muchos
que te pasen por encima.
Pero tú sabrás
cerrar todas las puertas
y dejar en tu vida lo importante.
Y sabrás decirle al mundo
no, ya está;
o será, al fin,
el mundo quien te diga
que es culpable de no haber entendido
que algo hermoso creciese entre lo feo.