Está de moda:
El agachar la cabeza o levantarla en demasía,
el cerrar la boca o decir estupideces,
el hacer la vista gorda o pecar de entrometidos,
el disimular las incompatibilidades o declararse la guerra,
el seguir la corriente o el ser un extravagante,
el adaptarse y no cambiar nada o el querer cambiarlo todo,
el responder sí sin asertividad o ser asertivo sin razones,
el ser positivo ante la miseria tercermundista y negativo ante el paro español,
el reír por un mal chiste y aburrirse con un buen poema,
el hablar perfectamente inglés y no conocer a Cervantes,
el sentirse integrado y desear ser único,
el ser católico o antieclesiástico,
el barrer para tu casa y envidiar la casa de todos,
el no mirarte el ombligo pero juzgar libremente el de los demás,
el comprarte un buen coche y pagar cara la hipoteca,
el disimular que eres tico o el ser hippie pero llevar Converse.
Y todo esto me lleva a pensar
que sólo hay un principio claro:
no tenerlo.
Por principios escribí este poema;
sólo por principios.
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