
En el incógnito rincón del olvido, se despejan los sueños de los ilusionados, las utopías de los soñadores, las quimeras de los fantasiosos. Hay un umbral invisible que hace visibles las crueles realidades y nítidas las verdades que optamos por disfrazar; ése es el rincón del olvido, la esquina de la carencia. Negarse a sí mismo, a nuestra esencia; ningunear sentimientos, rehusar la existencia de lo doloroso, lo punzante, lo incesante. Optar por divagar, deambular, caminar sin rumbo. El sendero se convirtió en autovía, el paso del caminante se ha obstaculizado; nació la prohibición, la norma, la ley; y mató a la alegría, al instinto, al impulso, a la dirección cardíaca , la homogénea mezcla de lo que sentimos. Leyes y normas son las culpables, convicciones sociales, construcciones humanas (que de humanas no tienen más que el ficticio apelativo). Legalidad y preceptos, reglamentos y legislaciones; cumplidores de nuestras incumplidas emociones. Cada día un poquito más escéptica en realidades y anarquista en ideas.
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