22 octubre, 2010

Aprendí

Aprendí a no buscar explicación, a dejarme llevar, a creer en el destino, a no renunciar al amor.

Aprendí que no es oro todo lo que reluce pero que es realmente especial el brillo de un metal.

Aprendí que las manos no son para cerrarlas en puño (salvo revolucionario) sino para dejarlas abiertas, para dar y recibir, para cruzarlas con otras manos, generosas y humildes, las tuyas.

Aprendí que el valor de una caricia tiene fecha de caducidad; pero que algunas caricias poseen un sabor tan exclusivo que de poco vale lamentarse por su futuro.

Aprendí que son muchos los que mienten y pocos los que sienten; pero que aún hay extraños, como tú, que piensan y sueñan, y van construyendo sueños a la vez.

Aprendí que me queda mucho por aprender pero que ya supe del acierto de regalar sonrisas gratuitas a los que las merecen.

Aprendí que “mi pasado ya lo cerré, mi futuro no lo conozco pero mi presente eres tú”.

Aprendí a dudar, filósofo, pero no todas las dudas son tan especiales como la tuya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario