Una madre que te llora por la noche
mientras finges que te has quedado dormida.
Un padre que te habla desde el cansancio
de lo fácil y lo bella que es la vida.
Una abuela que no dice una palabra
y un puñado echa de más a la comida.
Amigos que se inventan las historias
evitándote otra vez un lo sabía.
Hay promesas más allá de la frontera
donde, antes que
amor, eres amiga.
Hay dos copas de vino, mil nostalgias.
Hay mil copas de vino y una vida.
Y, entre tanto, aparecen los papeles,
cual tiritas que no curan una herida.
Cien mensajes se acumulan en la entrada
esperando un compañero en la salida.
En la escala donde mides lo importante
cada agobio solo es una alternativa,
cualquier reto pasa a ser una nostalgia,
lo lógico está abierto a la inventiva.
Y haces… ¡pum! Y se acaban los silencios.
Tus verdades se convierten en mentiras.
Y haces… ¡pum! Y lo que es lo más hermoso
se convierte en causa de nuestras heridas.
Tienes nombre y es _ _ como te llamas.
Tienes nombre, por lo menos, en mi vida.
Si merezco convertirme en lo innombrable,
Por amor, esta condena es merecida.
Y hago… ¡pum! Y mi espejo hecho pedazos
va tomando el sabor de la caída,
repartiendo en cada trozo en que te cuelas
el amor y la sonrisa decidida.
Que un ya está, un pum, un hasta hoy…
cuando el alma y la conciencia están tranquilas,
cuando has sido exactamente lo que eres
y no has sido una cosa parecida,
cuando crees que el mundo está para cambiarlo,
que no has dado una batalla por perdida,
que levantas la bandera en la que crees…
es amar el espejo en que te miras.
Es la una y mi madre aún no ha llegado.
A las cuatro, hay café repasa-vidas.
Tengo sueño, no he dormido, estoy cansada.
Pero hay alguien preparando la comida.



