Los viajes pueden narrarse o
ilustrarse, pueden fotografiarse o pueden vivirse. Pueden ser o no ser un
viaje. Porque viajar no es siempre hacerlo. Porque un verdadero viaje, como
diría Saramago, no termina jamás.
En efecto, yo no terminé mi viaje,
pero os quiero contar estos dos meses en los que el viajero podrá terminar pero
el viaje ya no podrá hacerlo. No solo porque me queden días en estos paisajes
de Portugal y entre estas gentes, sino porque mi viaje ha estado lleno de emociones y
sensaciones que han calado en mí como yo
en ellas.
Podría contaros mi viaje por
orden cronológico, por las ciudades visitadas, por los monumentos, con las
mejores fotos, con los mejores bares, con el sitio conocido, con lo que he
podido aprender, con los que quiero que estén y, con los que estando, no están.
Pero este viaje, siendo estancia y no
viaje, solo puedo contároslo a través de emociones; emociones de soledad, de
libertad, de memoria, de sensibilidad, de apoyo, de felicidad. Las emociones
que te hacen crecer y te hacen entender cuál es tu Viaje.
Y ya sabéis que nuestro Viaje no
acaba jamás.
La frase: El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje (Saramago).
La imagen:
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| Oporto, 2017 |
El sonido:
Pájaros de Portugal, Sabina

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