19 marzo, 2012

Papá:

Voy de camino a la casa, donde te abrazaré y mañana podré felicitarte el día. Voy de camino a la casa después de haber disfrutado de esta ciudad de Granada que cada vez me parece más hermosa, entre este mundo continuamente más feo.

No le digas a mamá que me encanta, que recorrería mil veces sus calles, que me sentaría en todos sus bancos, que en un rinconcico me haría un hueco para quedarme durante un buen rato. No se lo digas a mamá, ya la conoces, pensará que no tengo ganas de verla, que no volveré a pisar mi pueblo, tu pueblo, mi casa, la suya.

Voy de camino, y pienso en que mañana es tu día, en que mañana es el Día del Padre; y yo aquí, en la primera línea de este autobús, sin haberte comprado nada.

Aún conservas encima de la mesilla ese lapicero de barro que te regalé cuando todavía no levantaba dos palmos del suelo. Aún recuerdas, de cuando en cuando, cuando rompimos la cama pegando unos botes dominicales que resultaron ser demasiados. O cuando no quería ponerme la servilleta para comer, o cuando te conté que mamá le había dado mi dinero a un hombre asomado a una ventanilla. Ya entonces, ciertas cosas no las entendía.

Yo recuerdo cuando me enseñaste a leer, siendo un maestro exigente pero eficaz, como me gusta. Recuerdo cómo me sorprendiste reviviendo a una avispa ahogada en la pila del patio, simulando un entierro con resurrección que, aún hoy, no acabo de comprender.

Cuando corríamos por la casa, cantando, para fastidiar a mamá. Quizás porque nunca lo comprendió, seguimos haciéndolo. Así somos.

Recuerdo todas las veces en que me dijiste lo dura que es la vida, todas las veces que lamenté tu mala suerte, la de los genios perdidos. Pero tú siempre fuerte, afanoso, talentoso... como la gente grande.

Te recuerdo emocionado en los momentos en los que me premiaron mis esfuerzos, orgulloso de una hija que, tal vez, sería el reflejo de lo que tú pudiste haber sido. Siempre me encantó darte esa satisfacción.

Hoy, es cierto, no te he comprado nada. Sin embargo, creo que es la primera vez en la vida que te digo lo importante que eres. A veces, son necesarios veinte años para comprender algunas cosas: para saber escuchar, callar y hablar, conformarse con lo que tienes, pero luchar por lo que puedes.

Ahora, que ya tengo los veinte años, soy capaz de darme cuenta de todo lo que se me escapaba todas esas veces que balanceabas la cabeza ante alguna intervención desacertada. Y yo sin comprender; yo, que me creía tan lista.

Todo el mundo tiene un padre; lo conozcan, o no. Casi todos estarán orgullosos de él porque es su padre, porque un padre es parte de lo que eres, y otra parte de lo que podrías haber sido. Yo también estoy orgullosa de mi padre por esos motivos.

Sin embargo, sé que puede que lo esté un poco más, porque eres de las personas a la que hubiese admirado y querido si no hubieses sido mi padre. Quizás, sea porque a los dos nos gusta ser independientes pero ser unidos. Tal vez, porque me has enseñado a darle a cada circunstancia la importancia que merece, eso que tanta falta me hacía. Puede ser que sea porque nos entendemos sin decir palabra, o porque podemos hablar de cualquier cosa. Porque amas la vida, porque arriesgas, y porque ganas. O porque eres mi padre.

Te quiero, papá.

05 febrero, 2012

Es la enésima página malgastada
con garabatos que no saben qué decir.
Y es triste no estar enamorado.

La décima estrofa maltratada
con palabras que ni riman ni se alejan.
Y es duro que no llueva, viendo el cielo.

Olvidé esa palabra relegada
al rincón de algún papel en que escribí
y que hoy prende en el fuego de esta hoguera.

Y volver al doblo, arrugo,
arrojo...
Y a esta décima página.
Garabatos que no saben qué decir
mientras buscan las palabras relegadas
que repiten
triste es no estar enamorado.

31 diciembre, 2011

Ni remota idea de cómo hacerlo.

Este año escribí un libro. Dicen que escribí un libro, aunque yo sigo sin saber qué entiende la gente que es escribir un libro. Incluso yo misma tuve que ir y decir "he escrito un libro"; además, aquí y allá, y con la seguridad aparentada que ni yo misma tenía. Ahora sé que la gente dice que he escrito un libro, y de todo esto aprendí que sé cumplir las promesas que me hago, que sé pelear, que sé cómo hacerlo... y que la gente no tiene ni la más remota idea de lo que es un libro.

Este año estudié. Estudié Magisterio. En general, casi todos dicen que soy una buena estudiante. Los más entendidos creen que debo de saber mucho de Didáctica, y que somos nosotros, los buenos estudiantes, los que recuperaremos una Escuela que se muere. Dicen y dicen... y, mientras dicen, los buenos estudiantes aparentamos serlo, desencantados con lo que hay, sintiéndonos incultos y maltratados. Ahora sé que todos creen que soy una buena estudiante... y que yo no tengo ni la más remota idea de cómo serlo.

Este año lloré. Lloré porque no podía hacer nada, porque me sentía impotente. Lloré porque no creía en Dios, y tampoco quería hacerlo. Lloré porque tenía que llorar, porque el ser humano llora. Ahora sé que llorar no sirve para nada... y que no tengo ni la más remota idea de cómo no hacerlo.

Este año no me enamoré. Comencé con el propósito de no hacerlo. Ahora sé que lo conseguí... y que no tengo ni la más remota idea de cómo mantenerlo.

Dicen que acabó un año. Ahora sé que no es cierto. Y es que, en ocasiones, las causas no encuentran sus efectos más que a largo plazo -al menos, las importantes-. Y también sé que no tengo ni la más remota idea de cómo creerlo.

¡Feliz Año!

13 octubre, 2011

Muertes prematuras.


Tus brazos me abrazaron
más allá de este mundo.
Libérrimos, y heraldos
(más bien equivocados)
de pasiones condenadas
a muertes prematuras.

29 septiembre, 2011

Circunferencias.


Marcas con tu circunferencia
un destino caprichoso.
Y acabas escapando,
huyes,
te escondes
(como lo hacen casi todas
las cosas bellas)
detrás de lo opaco
o de lo que aún
me permite imaginarte.

Mañana,
a tu vuelta
(porque sé que volverás),
serás el mismo
sobre el que giro,
y giramos.
Mas estarás algo más allá,
recordándome que casi todo
-casi todas las cosas bellas-
juega a no ocupar dos veces
un mismo espacio.

Yo, sin embargo,
seguiré aquí.
Entretenida con un mismo viento,
e idéntico paisaje;
con los mismos ojos,
con la misma sangre.

Posiblemente,
es porque yo no soy
una de esas cosas bellas
(que disfrutan no ocupando dos veces
un mismo espacio);
o, qu izás sea porque,
a tu vuelta,
mañana,
Heráclito se salga con la suya
y yo no sea la misma
por más que me siente,
frente al mismo cielo,
frente a la misma torre,
cada noche,
a esperarte.

12 septiembre, 2011

Y sueñas.


Escribes los versos
con tinta cutánea
de un cuerpo fundido.

Sueñas.

Inventas palabras
para realidades
que no han existido.

Sueñas.

Construyes la vida
con fútil recuerdo
que nunca has vivido.

Sueñas.

Defiendes los sueños,
cual puras verdades
que se han detenido.

Sueñas.

Y sueño que sueñas,
a la par que sueño
que te he conocido.

30 agosto, 2011

Difíciles combinaciones.


Siéntate a mi lado
al subirte al tren.
Recita un poema;
mírame, sonríe...
Y ahora,
ahora...
bésame.