Marcas con tu circunferencia
un destino caprichoso.
Y acabas escapando,
huyes,
te escondes
(como lo hacen casi todas
las cosas bellas)
detrás de lo opaco
o de lo que aún
me permite imaginarte.
Mañana,
a tu vuelta
(porque sé que volverás),
serás el mismo
sobre el que giro,
y giramos.
Mas estarás algo más allá,
recordándome que casi todo
-casi todas las cosas bellas-
juega a no ocupar dos veces
un mismo espacio.
Yo, sin embargo,
seguiré aquí.
Entretenida con un mismo viento,
e idéntico paisaje;
con los mismos ojos,
con la misma sangre.
Posiblemente,
es porque yo no soy
una de esas cosas bellas
(que disfrutan no ocupando dos veces
un mismo espacio);
o, qu izás sea porque,
a tu vuelta,
mañana,
Heráclito se salga con la suya
y yo no sea la misma
por más que me siente,
frente al mismo cielo,
frente a la misma torre,
cada noche,
a esperarte.
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