16 marzo, 2020

En positivo

A algunas personas cercanas les he dicho estos últimos días que no voy a abrir sus audios o vídeos. Eso sí, después de darles las gracias por lo que considero una buena intención. 

Estoy informada de la situación (aunque reconozco que de forma cada vez más racionada) pero, con sinceridad, me gusta poco comentar la evolución de todo esto con aquellos (que más allá de su acierto o desacierto) vuelven de manera cíclica a sus pesimistas predicciones. No hacen nada (como tampoco hago yo) por la ciencia y hacen mucho por empeorar la salud mental colectiva, cuyas muestras de debilidad empezamos a observar y, directamente, a sufrir por mucho control emocional que uno tenga. 

Que esto es grave, claro que lo es. Y provoca ansiedad y desconcierto. Pero, al margen de permanecer en nuestras respectivas casas (aquellos que podamos tener el privilegio, por cierto), no podemos hacer más que ser pacientes y optimistas. Y bueno, por qué no, hacer una lectura en positivo. 

En estos últimos días: 

- Ha aumentado mi confianza en algunos líderes políticos, de izquierdas y derechas a partes iguales. Creo que está bien ser más confiado; especialmente, cuando las decisiones no están para nada en tus manos. 

- He reconocido en mis alumnos a personas responsables y encontrado espacios para compartir preocupaciones e intereses, para hablar con los verdaderos humanos que piensan y sienten más allá de un listado universitario numérico, del que consideramos frecuentemente la cantidad. He crecido, entonces, como docente; también, seguramente, como persona.

- He visto renacer la conciencia de clase. El #yonopuedoquedarmeencasa es mayoritario en muchos hogares de mi pueblo. Son -somos, porque así me considero- los trabajadores de lo que ahora llaman sectores críticos del país. Son los trabajadores mal pagados que desempeñan su tarea en aquellos ámbitos de los que partió todo (la agricultura, el sector de la alimentación, los transportes...) y que tanto hemos desvirtuado a base de crear necesidades e inventar índices en bolsas que no entendemos la inmensa mayoría. 

- He visto aflorar sentimientos puros entre la gente. Muestras de solidaridad, voluntarios, iniciativas culturales bellísimas que ponen de manifiesto el capital que tiene el pueblo (ver Rondadores contra el virus en Facebook, por ejemplo). 

- He recibido mensajes de personas con las que no hablaba desde hace años; personas con las que coincidí de forma anecdótica y casual que, sin embargo, guardamos recíprocamente buenos recuerdos. Además, tengo amigos que solo utilizan los grupos de whatsapp parar hacer reír. En resumen, grandes amigos que no alimentan este fin del mundo. 

- He comido con mis padres, los tres solos, un lunes. Sin prisas y mostrando las preocupaciones con un halo de templanza. Me he acordado de mis abuelos.  Muchísimo. Qué gente aquella, qué suerte y cuánto aprendí. 

- He visto las fortalezas de una relación, ahora en la distancia. Una solidez que difícilmente habría confiado en conseguir en pocos meses que, además, van a ser ya discontinuos. He reconocido en mi pareja a una persona responsable y maravillosa, que trabaja las 24 horas por su pueblo, con algo más de intensidad que la habitual, pero con el mismo amor que pone absolutamente a todo lo que hace. Qué suerte y qué ganas.

- He hablado conmigo misma. Me he preguntado cómo estoy. He reconocido mis logros laborales y emocionales de estos últimos meses; me he felicitado por todo, que no ha sido poco, me he dado una palmadica y he dicho "pues venga, seguimos, un poco más de batalla". Entre tanto, he desenfundado la guitarra y garabateado algunos papeles. Qué lujo.

Está claro que esto es complicado y que, por bien que salga, ya vamos a perder demasiado. Pero una vez que uno da todo lo que tiene, no le queda más que ser paciente (esa es otra, cuánta rapidez en este mundo y para qué) y ser optimista (rozando si es necesaria, en ocasiones, la inocencia). Ah, y cuidarnos. No solo quedándonos en casa y gritándole a todo el mundo lo bien que nos portamos, que somos excelentes ciudadanos, sino cogiendo a los que amamos y reforzando en positivo. 

O en otras palabras: en mi casa ya estoy, ¿cantamos juntos la copla? 

"De este mundo la pena 
nunca te apure, 
que no hay mal que no acabe 
ni bien que dure". 


15 mayo, 2018

¡Pum!


Una madre que te llora por la noche
mientras finges que te has quedado dormida.
Un padre que te habla desde el cansancio
de lo fácil y lo bella que es la vida.
Una abuela que no dice una palabra
y un puñado echa de más a la comida.
Amigos que se inventan las historias
evitándote otra vez un lo sabía.
Hay promesas más allá de la frontera
donde, antes que amor, eres amiga.
Hay dos copas de vino, mil nostalgias.
Hay mil copas de vino y una vida.

Y, entre tanto, aparecen los papeles,
cual tiritas que no curan una herida.
Cien mensajes se acumulan en la entrada
esperando un compañero en la salida.
En la escala donde mides lo importante
cada agobio solo es una alternativa,
cualquier reto pasa a ser una nostalgia,
lo lógico está abierto a la inventiva.

Y haces… ¡pum! Y se acaban los silencios.
Tus verdades se convierten en mentiras.
Y haces… ¡pum! Y lo que es lo más hermoso
se convierte en causa de nuestras heridas.
Tienes nombre y es _ _ como te llamas.
Tienes nombre, por lo menos, en mi vida.
Si merezco convertirme en lo innombrable,
Por amor, esta condena es merecida.

Y hago… ¡pum! Y mi espejo hecho pedazos
va tomando el sabor de la caída,
repartiendo en cada trozo en que te cuelas
el amor y la sonrisa decidida.
Que un ya está, un pum, un hasta hoy…
cuando el alma y la conciencia están tranquilas,
cuando has sido exactamente lo que eres
y no has sido una cosa parecida,
cuando crees que el mundo está para cambiarlo,
que no has dado una batalla por perdida,
que levantas la bandera en la que crees…
es amar el espejo en que te miras.

Es la una y mi madre aún no ha llegado.
A las cuatro, hay café repasa-vidas.
Tengo sueño, no he dormido, estoy cansada.

Pero hay alguien preparando la comida.

28 febrero, 2018

Emociones de Portugal: La sencillez

Cuanto más sencillez, menos errores.

Y para qué complicar la vida, me digo.

Y para qué complicarla.




14 septiembre, 2017

Emociones de Portugal: La memoria.

Al fin y al cabo, solo somos memoria.

Somos las personas en las que pensamos, los días que no olvidamos, las canciones que tatareamos, las cosas que aprendemos.

Somos la suma de nuestros recuerdos, pues en ellos está lo que somos y lo que hemos olvidado, renunciando a ser.

A veces, somos el alejarse para echar de menos. Para tener memoria.

09 agosto, 2017

Emociones de Portugal: La libertad

Siendo como habría de ser innecesario, la mujer se ve en la necesidad de demostrar que es libre, no solo abriendo las jaulas que siempre estuvieron cerradas sino siendo libre cuando las puertas están abiertas.

Libre de conciencia. Libre por justicia. Libre al saltarse el paso lógico o al escogerlo.

Y, en una hora de vuelo, mis ojos y mis manos, para la libertad. 

O al escogerlo, me digo.

Toc, toc. Soy la Libertad y te he llamado a la puerta.  

Como siempre, irresponsable. Y ahora que estoy también un poco atrapada aquí, eu sei que não se ama sozinho.

Y qué es ser libre si no elegir y dejar de serlo en lo que se te va la vida. 


La frase: La libertad de corazón es la mayor de todas (Camilo Castelo Branco). 

La imagen: 

Museo de Fotografía de Oporto, antigua cárcel 

El sonido: 


Para la libertad, Serrat

01 agosto, 2017

Emociones de Portugal

Los viajes pueden narrarse o ilustrarse, pueden fotografiarse o pueden vivirse. Pueden ser o no ser un viaje. Porque viajar no es siempre hacerlo. Porque un verdadero viaje, como diría Saramago, no termina jamás.

En efecto, yo no terminé mi viaje, pero os quiero contar estos dos meses en los que el viajero podrá terminar pero el viaje ya no podrá hacerlo. No solo porque me queden días en estos paisajes de Portugal y entre estas gentes, sino porque mi viaje ha estado lleno de emociones y sensaciones  que han calado en mí como yo en ellas.

Podría contaros mi viaje por orden cronológico, por las ciudades visitadas, por los monumentos, con las mejores fotos, con los mejores bares, con el sitio conocido, con lo que he podido aprender, con los que quiero que estén y, con los que estando, no están.  Pero este viaje, siendo estancia y no viaje, solo puedo contároslo a través de emociones; emociones de soledad, de libertad, de memoria, de sensibilidad, de apoyo, de felicidad. Las emociones que te hacen crecer y te hacen entender cuál es tu Viaje.


Y ya sabéis que nuestro Viaje no acaba jamás. 




La frase: El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje (Saramago). 

La imagen: 

Oporto, 2017


El sonido: 

Pájaros de Portugal, Sabina


28 diciembre, 2016

52 centímetros


Te miden al nacer. 52 centímetros. El pronóstico. 

Luego te miden cada semana y cada mes y cada año. Respecto al otro y respecto a uno mismo. 

Hasta que no importa tu medida sino la de tus pies. Y, más tarde, no importa la de tus pies sino la de tus cosas. 


Te miden la visión, la tensión, el pulso. 

Miden la longitud de las llamadas para cobrarte en palabras. La de tu cintura para llamarte gorda. El diámetro de los anillos para que el compromiso ajuste bien.

Todo esto para enseñarte el valor de la medida: la nota de tu esfuerzo, la edad a la que casarte, el sueldo que ganar, la anchura de tu falda.

Ahora, 

ya eres tú quien mide las palabras, mide los esfuerzos; toma medidas, para ser medido con la misma vara. 


Queda tan poco por medir, queda tan poco. Que el día que tú…

que ya eres capaz de encontrar el momento justo y la palabra exacta,

que conoces los tantos por ciento de acierto y desacierto de toda locura,

que alcanzas a elegir el día y la hora, seguro el minuto y, quizás, el instante, 

que cumples la agenda…

El día que te salgan las cuentas por no haber medido…
volverás a nacer. 

¿"52 centímetros"?

Y otra vez medir.
Pero esta medida
será 


extraordinaria.