Me confieso atrapada
en lo fácil de amarte.
Y asustada, quizás,
por si quiero tenerte.
(...) admiro tu determinación, pero siempre, de humano a humano. De hecho, aprovecho para confesarte de que me sirves de inspiración en muchos momentos de mi vida. No estaba seguro de haberte dicho antes esto y qué mejor momento para ello que por Navidades, cuando parece que hasta los más déspotas y tiranos tienen escrúpulos.