Súbete,
le dije.
Me preguntó
dónde vas.
No me gustó su respuesta.
12 julio, 2013
30 marzo, 2013
25 marzo, 2013
Buzón de entrada.
Y llovió mil veces,
aunque por aquí
no cayó ni gota.
Por fin hoy llamaste…
yo, sin cobertura.
Si acaso llegara ese mensajito
de estar disponible,
bórralo si puedes.
Se aferró a la lluvia
el buzón de entrada
de mi corazón.
08 enero, 2013
Retrocesos.
Hoy necesitaba mirar atrás, pese a que siempre dije que no debía hacerlo.
Aún no sé bien si es porque no encuentro el presente que quiero vivir; o porque el futuro me lo roban; porque quiero encontrar mis fallos, o borrar mis derrotas; o darme cuenta de que he olvidado, de que te he olvidado. O porque en mi pasado están los que se fueron, y los que aún resistís. Porque estáis los que prometisteis todo, o los que me lo dieron.
Hoy sentía la necesidad de buscar en las páginas archivadas, en los e-mails caducos, en las entradas lamentadas. Remover cajones donde fui depositando minutos, horas y meses en forma de conceptos y adjetivos; verbos que nunca rimaban con las intenciones que no eran las nuestras; algunas conjunciones que jamás fueron sumativas; y nombres propios que merecían, por entonces, escribirse con mayúscula. Esos minutos, horas y meses que siempre quedarán en unas hojas que hoy reviso, entre la sonrisa y la nostalgia, y que son parte de lo que soy y de lo que fui.
Pero, aquí, donde todo es público, dejé plasmado ya más de lo que se debe. Regalé mis penas sin ningún orgullo; mostré mi amor y mi desamor; mi impotencia y mi infinita y agotadora esperanza. Sufrí por los que se fueron, y por los que me dejaron. Quise atentar contra la libertad imponiendo lo que yo pensaba. Me enfadé con la muerte y con la falta de amor.
Ahora que doy vueltas a las páginas sin importarme cuál de ellas iba antes y cuál después. Ahora que reconozco que lloré demasiado, que amé demasiado, que soñé demasiado. Ahora - y solo ahora- me encanta leer y releer estas páginas, corregir sus puntos y sus comas que sigo sin saber poner, buscar sinónimos a las palabras repetidas -muchas e innecesarias-, tachar tanta mayúscula de los nombres propios.
Y me encanta leer estas páginas. Posiblemente es porque fueron usadas para escribir sobre las conjunciones que no sumaban tal y como nos habían enseñado en la escuela; o las intenciones que no rimaban en consonante; o los versos cuyas sílabas siempre se quedaban cortas.
M
01 diciembre, 2012
Me han contado que hay casas
vacías que llenan bolsillos de gente con casa.
Que hay gente sin casa, con niños
desnudos, que tejen la ropa para aquellas casas.
Que el niño desnudo no tiene
maestro porque todos viven cerca de las casas. Y que el bien vestido tiene buen
acento, y se está burlando de aquel que hay sin casa.
Me han contado que empieza a
hacer frío fuera de las casas. Que los tiritones hacen mucho ruido. Que se ha
decretado el estado de alerta, que la calle es mala.
Y, si aquellos niños que sufren
el frío buscaran su casa, habría más ruido. Pero estos decretos de gente que
llena bolsillos con casas, nunca se preocupan por todos los niños que no tienen
casa.
Solo nos recuerdan lo que no queremos: que la calle es mala.
02 julio, 2012
Se ha olvidado aquello
de escribir en la arena tu nombre.
De que las olas recuerden
al sonido de tu voz
o que el sol refleje, entre la espuma,
el brillo de tu pelo.
Por fin
el mar
es mar.
Admito que antes tan solo
soñaba
con encontrar una botella flotante
y, cual sirena rapsódica,
meter con tiento un papelito.
Pero por fin el mar
es mar.
Quizás
ya la hayas recibido.
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