Me han contado que hay casas
vacías que llenan bolsillos de gente con casa.
Que hay gente sin casa, con niños
desnudos, que tejen la ropa para aquellas casas.
Que el niño desnudo no tiene
maestro porque todos viven cerca de las casas. Y que el bien vestido tiene buen
acento, y se está burlando de aquel que hay sin casa.
Me han contado que empieza a
hacer frío fuera de las casas. Que los tiritones hacen mucho ruido. Que se ha
decretado el estado de alerta, que la calle es mala.
Y, si aquellos niños que sufren
el frío buscaran su casa, habría más ruido. Pero estos decretos de gente que
llena bolsillos con casas, nunca se preocupan por todos los niños que no tienen
casa.
Solo nos recuerdan lo que no queremos: que la calle es mala.

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