Hoy necesitaba mirar atrás, pese a que siempre dije que no debía hacerlo.
Aún no sé bien si es porque no encuentro el presente que quiero vivir; o porque el futuro me lo roban; porque quiero encontrar mis fallos, o borrar mis derrotas; o darme cuenta de que he olvidado, de que te he olvidado. O porque en mi pasado están los que se fueron, y los que aún resistís. Porque estáis los que prometisteis todo, o los que me lo dieron.
Hoy sentía la necesidad de buscar en las páginas archivadas, en los e-mails caducos, en las entradas lamentadas. Remover cajones donde fui depositando minutos, horas y meses en forma de conceptos y adjetivos; verbos que nunca rimaban con las intenciones que no eran las nuestras; algunas conjunciones que jamás fueron sumativas; y nombres propios que merecían, por entonces, escribirse con mayúscula. Esos minutos, horas y meses que siempre quedarán en unas hojas que hoy reviso, entre la sonrisa y la nostalgia, y que son parte de lo que soy y de lo que fui.
Pero, aquí, donde todo es público, dejé plasmado ya más de lo que se debe. Regalé mis penas sin ningún orgullo; mostré mi amor y mi desamor; mi impotencia y mi infinita y agotadora esperanza. Sufrí por los que se fueron, y por los que me dejaron. Quise atentar contra la libertad imponiendo lo que yo pensaba. Me enfadé con la muerte y con la falta de amor.
Ahora que doy vueltas a las páginas sin importarme cuál de ellas iba antes y cuál después. Ahora que reconozco que lloré demasiado, que amé demasiado, que soñé demasiado. Ahora - y solo ahora- me encanta leer y releer estas páginas, corregir sus puntos y sus comas que sigo sin saber poner, buscar sinónimos a las palabras repetidas -muchas e innecesarias-, tachar tanta mayúscula de los nombres propios.
Y me encanta leer estas páginas. Posiblemente es porque fueron usadas para escribir sobre las conjunciones que no sumaban tal y como nos habían enseñado en la escuela; o las intenciones que no rimaban en consonante; o los versos cuyas sílabas siempre se quedaban cortas.
M