Te miden al nacer. 52 centímetros. El pronóstico.
Luego te miden cada semana y cada mes y cada año. Respecto al otro y respecto a uno mismo.
Hasta que no importa tu medida sino la de tus pies. Y, más tarde, no importa la de tus pies sino la de tus cosas.
Te miden la visión, la tensión, el pulso.
Miden la longitud de las llamadas para cobrarte en palabras. La de tu cintura para llamarte gorda. El diámetro de los anillos para que el compromiso ajuste bien.
Todo esto para enseñarte el valor de la medida: la nota de tu esfuerzo, la edad a la que casarte, el sueldo que ganar, la anchura de tu falda.
Ahora,
ya eres tú quien mide las palabras, mide los esfuerzos; toma medidas, para ser medido con la misma vara.
Queda tan poco por medir, queda tan poco. Que el día que tú…
que ya eres capaz de encontrar el momento justo y la palabra exacta,
que conoces los tantos por ciento de acierto y desacierto de toda locura,
que alcanzas a elegir el día y la hora, seguro el minuto y, quizás, el instante,
que cumples la agenda…
El día que te salgan las cuentas por no haber medido…
volverás a nacer.
¿"52 centímetros"?
Y otra vez medir.
Pero esta medida
será
extraordinaria.
Miden la longitud de las llamadas para cobrarte en palabras. La de tu cintura para llamarte gorda. El diámetro de los anillos para que el compromiso ajuste bien.
Todo esto para enseñarte el valor de la medida: la nota de tu esfuerzo, la edad a la que casarte, el sueldo que ganar, la anchura de tu falda.
Ahora,
ya eres tú quien mide las palabras, mide los esfuerzos; toma medidas, para ser medido con la misma vara.
Queda tan poco por medir, queda tan poco. Que el día que tú…
que ya eres capaz de encontrar el momento justo y la palabra exacta,
que conoces los tantos por ciento de acierto y desacierto de toda locura,
que alcanzas a elegir el día y la hora, seguro el minuto y, quizás, el instante,
que cumples la agenda…
El día que te salgan las cuentas por no haber medido…
volverás a nacer.
¿"52 centímetros"?
Y otra vez medir.
Pero esta medida
será
extraordinaria.

